Por: αηтσηια нαѕвυη
Febrero es un mes cargado de símbolos. Celebramos el Año Nuevo Chino, con su energía de renovación y ciclos que comienzan. Conmemoramos el Mes de la Patria en República Dominicana, recordando nuestra identidad, nuestra independencia y a figuras como Ramón Matías Mella. Vibramos con el carnaval, con su explosión de color, sátira y tradición.
Y, en medio de todas esas fechas, llega el 14 de febrero.
San Valentín.
El día del amor y la amistad.
Una fecha que muchos esperan con ilusión, otros con escepticismo y algunos con cierta presión social. Pero, más allá de los regalos y las reservas en restaurantes, ¿por qué sigue siendo una fecha tan relevante?

La historia nos habla de un sacerdote que desafió la orden del emperador Claudio II, casando en secreto a jóvenes soldados enamorados. Fue ejecutado un 14 de febrero y con el tiempo se convirtió en mártir y santo. Una narrativa que mezcla amor, rebeldía y sacrificio.
Pero la historia es solo el punto de partida.
Hoy, San Valentín es también un fenómeno cultural, económico y digital. Floristerías, joyerías, restaurantes y el sector turístico experimentan un impulso notable. La economía se activa, el comercio florece y el marketing hace su magia. Como casi todas las celebraciones modernas, hay un componente comercial evidente.
Y, sin embargo, eso no cancela su significado.
Asociamos esta fecha con corazones, flores, chocolates, cartas, colores rojo, rosado y blanco. Pero también la asociamos con algo más profundo: la necesidad humana de amar y ser amados.
La Biblia lo expresa con claridad en 1 Corintios 13:1-3: se puede hablar lenguas, tener fe para mover montañas o dar todo a los pobres, pero si no hay amor, nada tiene verdadero sentido. Sin amor, incluso las acciones más nobles pierden su esencia.
Entonces surgen preguntas que incomodan —y que valen la pena:
¿Celebramos el amor o consumimos la idea del amor?
¿Quién nos enseñó que el 14 de febrero es “la fecha”?
¿Por qué el amor romántico suele tener más peso que la amistad o el amor propio?
¿Existe realmente “la persona correcta” o es una construcción cultural?
Si tuvieras que elegir, ¿amor romántico o amor propio?
En una era donde el afecto también se mide en likes y publicaciones, tal vez la reflexión más urgente es esta: ¿qué tipo de amor estamos cultivando?
Porque San Valentín no debería limitarse a una pareja. Es una oportunidad para hablar de amistad, familia, comunidad y, sobre todo, amor propio. Ese que no depende de un regalo, ni de una fecha, ni de una validación externa.
Tal vez el verdadero valor del 14 de febrero no está en lo que compramos, sino en lo que recordamos: que el amor —en todas sus formas— sigue siendo el motor que mueve decisiones, construye vínculos y da sentido a nuestras acciones.
Y si una fecha logra que al menos por un día reflexionemos sobre eso, entonces quizás sí merece su lugar en el calendario.
Con cariño (y pensamiento crítico),
Millyhas ✍️





